ORIGEN Y SU HISTORIA
El circo tiene tradición, leyenda, y una gran historia.
La historia del circo ha trascendido de generación en generación gracias a todos los maravillosos personajes que han dedicado su vida entera a este noble arte y han permanecido en el tiempo.
El circo es mucho más que adquirir una entrada para disfrutar de un atractivo espectáculo o encantarnos con sus variados números; simplemente es una puerta a la fantasía, un pasaje al entretenimiento donde todo lo imposible se hace realidad; el tiempo parece detenerse y lentamente todo se transforma para dar paso a un mundo mágico.
En términos generales el circo proviene del legado cultural que nos han dejado las antiguas civilizaciones desde el oriente hasta el occidente, y están influenciadas por Roma y Grecia (3.000 años atrás).
La constante necesidad de entretenerse fue el escenario preciso para su nacimiento, sin embargo, paso mucho tiempo para que esta particular forma de divertir llegara a la definición exacta de lo que hoy conocemos con el nombre de “circo”.
Los griegos llamaban así a todos los espectáculos cuya única finalidad era divertir a todas las personas; los niños esperaban con ansias la llegada del circo al pueblo.
El circo, tal y como lo conocemos, apareció por primera vez en Gran Bretaña en 1770, y en el siglo siguiente la actividad circense se extendió a gran número de países
Algunas de las actividades que hoy relacionamos como parte del espectáculo circense, como la acrobacia, el equilibrismo el o el contorsionismo tenían una utilidad que estaba íntimamente relacionada con la preparación de guerreros, rituales de ámbito religioso y con algunas prácticas festivas de la época.
Fueron los romanos quienes dieron el nombre Circo a estas actividades de ocio. Tras la caída de estas civilizaciones -principalmente las occidentales-, las artes escénicas (teatro gestual, danza, gimnasia y circo) perdieron el interés de la sociedad. Posteriormente, ya en la Europa de la Edad Media, este tipo de espectáculos públicos comenzaron a ganarse nuevamente un espacio.
Fue ya en la época del Renacimiento, cuando los artistas con experiencia en los espectáculos circenses volvieron a tomar pueblos y calles de muchos países del continente europeo, ampliando con ello el status social de dicha cultura.

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